Cada 28 de julio nos detenemos a mirar el Perú que somos y el Perú que queremos ser. Es un momento para la memoria, pero también para la reflexión profunda sobre el rumbo de nuestra nación. Como abogados, como peruanos, tenemos una responsabilidad que trasciende el ejercicio profesional: la de ser guardianes de un ordenamiento jurídico que garantice la dignidad de todas las personas.
En estos años de ejercicio profesional, he visto cómo la ley puede ser escudo para los más débiles. También he visto cómo, en manos equivocadas, se convierte en herramienta de opresión. He visto cómo la injusticia se disfraza de procedimiento y cómo la arbitrariedad se oculta tras el poder. Pero también he visto la fuerza transformadora de una abogacía comprometida con la verdad y con la defensa de los derechos fundamentales. Esa es la abogacía que queremos construir desde el Colegio de Abogados de Lima.
Tres compromisos para una misma causa
La transformación del Colegio de Abogados de Lima no es un fin en sí misma. Es un medio para cumplir con la misión que nos convoca: defender el Estado de Derecho, proteger a quienes ejercen la profesión con integridad y garantizar que todos los peruanos tengan acceso a la justicia. Para ello, hemos trazado tres caminos que se entrelazan y se refuerzan mutuamente.
El primero es la defensa de la institucionalidad democrática. El Perú necesita una abogacía que no se limite a litigar casos, sino que contribuya activamente al fortalecimiento del sistema de justicia. Un abogado no es solo un defensor de intereses particulares; es, ante todo, un defensor de la Constitución y de los derechos fundamentales. Por eso, desde el CAL estamos impulsando espacios de reflexión y acción que permitan identificar las amenazas al Estado de Derecho y articular respuestas desde el derecho, no desde la confrontación política. Se trata de construir memoria institucional, de documentar lo que ocurre y de proponer soluciones con la solidez que da el conocimiento jurídico.
El segundo camino es la protección integral de los agremiados. Ser abogado en el Perú de hoy no es tarea fácil. Implica enfrentar no solo la complejidad de los casos y la sobrecarga de trabajo, sino también riesgos concretos: aquellos que defienden causas sensibles, que litigan contra poderes fácticos o que asumen la defensa de los más vulnerables, a menudo enfrentan hostigamiento, amenazas o desprestigio. Por eso estamos fortaleciendo los mecanismos de protección gremial, como la Red de Defensa Inmediata del Abogado (REDIA), que brinda apoyo legal, técnico y emocional a los colegas que sufren vulneraciones en el ejercicio de su profesión. Esa es la solidaridad que debe caracterizar a nuestro gremio.
El tercer camino es garantizar el acceso a la justicia para todos los peruanos. Una de las grandes deudas del sistema jurídico peruano es la desigualdad en el acceso: quienes tienen recursos pueden defender sus derechos; quienes no los tienen, a menudo quedan indefensos. El CAL está trabajando para democratizar el acceso a la justicia, no solo a través del servicio de orientación legal gratuita que brindamos en 159 comisarías de Lima Metropolitana, sino también mediante herramientas que acerquen el derecho a la ciudadanía. La tecnología puede ser una aliada en este esfuerzo, siempre que esté al servicio de las personas y no al revés. Se trata de construir puentes, no muros.
El compromiso del CAL con el Perú:
- Defender la institucionalidad democrática desde la reflexión jurídica y la acción gremial responsable.
- Proteger a los abogados que ejercen su profesión con integridad mediante redes de apoyo y defensa inmediata.
- Garantizar el acceso a la justicia como un derecho fundamental, no como un privilegio.
- Construir puentes entre el derecho y la ciudadanía a través de servicios como la orientación legal gratuita en comisarías, desde la empatía y el compromiso ético.
Un llamado a la esperanza y a la acción
Este 28 de julio, cuando celebremos los 205 años de nuestra independencia, quiero invitarlos a mirar más allá de las dificultades. Sí, atravesamos momentos complejos como país. Sí, las instituciones están siendo puestas a prueba. Sí, la desconfianza ciudadana es profunda. Pero no hemos dejado de creer en la posibilidad de un Perú mejor.
La abogacía peruana tiene una oportunidad histórica: la de ser protagonista en la reconstrucción de la confianza y en la defensa de la dignidad de las personas. No se trata de discursos grandilocuentes ni de gestos vacíos. Se trata de acciones concretas: de seguir mejorando los servicios que ofrecemos a los agremiados, de seguir defendiendo a quienes nos necesitan, de seguir construyendo un Colegio que esté a la altura de los desafíos de nuestro tiempo.
Como he dicho antes, mientras haya vida, siempre hay esperanza. Y mientras haya esperanza, hay lucha. Una lucha que no se libra con odio ni con confrontación, sino con el convencimiento de que el derecho, bien ejercido, es el instrumento más poderoso para construir una sociedad justa.
En estas Fiestas Patrias, los invito a renovar nuestro compromiso con la profesión y con el país. A mirar al Perú con la certeza de que, desde nuestra labor cotidiana, podemos contribuir a que sea una nación más justa, más libre y más digna para todos. Esa es la tarea que nos convoca. Esa es la responsabilidad que asumimos. Y estoy convencida de que, juntos, podemos cumplirla.
Delia Espinoza Valenzuela
Decana del Colegio de Abogados de Lima





