Un abogado puede pedirle a una inteligencia artificial que redacte un contrato, que resuma una sentencia de cien páginas o que identifique patrones en una masa de expedientes. Y la IA lo hará en segundos. La pregunta no es si puede hacerlo, sino si debe hacerlo sin que nadie lo sepa. Esa es la frontera ética que la profesión jurídica está empezando a trazar. Desde el Colegio de Abogados de Lima promovemos una respuesta clara: la inteligencia artificial debe usarse, pero con criterio, con transparencia y, sobre todo, con un marco ético que ponga al ser humano en el centro de la decisión.
La brecha que debemos cerrar
El primer problema no es la tecnología, sino la desigualdad en el acceso. Hay abogados jóvenes que utilizan herramientas de IA con naturalidad, mientras que profesionales con más trayectoria aún no se han familiarizado con ellas. Esa distancia genera asimetrías en el ejercicio profesional, pero también una oportunidad: el CAL puede ser el puente que acerque a todos los agremiados al conocimiento y uso responsable de estas tecnologías. Por eso, desde el Colegio impulsamos espacios de formación y actualización, diseñados para que ningún abogado quede rezagado en la comprensión de estas herramientas. La formación continua no debe limitarse al derecho sustantivo; también debe incluir la alfabetización digital.
Pero cerrar la brecha no es suficiente. También debemos definir cómo usar estas herramientas con transparencia y responsabilidad. Ese es el siguiente paso.
El sinceramiento como primer paso
El uso ético de la inteligencia artificial comienza con un acto de honestidad profesional: declarar que se ha utilizado. Si un abogado ha recurrido a un chatbot (un asistente virtual que responde preguntas), si ha usado un asistente de IA para redactar un documento o si ha delegado en un algoritmo (un conjunto de instrucciones programadas) el análisis de información sensible, debe declararlo. No por desconfianza hacia la tecnología, sino por respeto al otro. El cliente, el juez o el colega tienen derecho a saber si están interactuando con una persona o con una máquina. Ese sinceramiento es el primer paso para establecer límites claros y responsabilidades definidas.
El factor humano: el verdadero garante
Pero declarar el uso de IA no es suficiente. El abogado sigue siendo el responsable último del resultado. La inteligencia artificial puede ofrecer respuestas, redactar párrafos y hasta sugerir argumentos, pero no puede reemplazar el criterio jurídico, la sensibilidad ética ni la capacidad de contextualizar. Por eso, cada resultado generado por IA debe ser revisado, validado y, si es necesario, corregido por el profesional. El factor humano es el que garantiza que la tecnología esté al servicio de la justicia y no al revés. El abogado es el responsable último del contenido de todo lo que firma, incluso si ha utilizado herramientas de inteligencia artificial.
Mirando al futuro: la regulación como aliada
El derecho no puede quedarse atrás. La inteligencia artificial avanza a una velocidad que desborda los marcos normativos tradicionales. Por eso, los abogados debemos mantener una mirada atenta a las regulaciones que están surgiendo en el ámbito nacional e internacional. En países con tradición de derecho romano, como España —sistema jurídico que también es la base del ordenamiento peruano—, ya se están discutiendo marcos normativos para el uso de la IA en el ámbito jurídico, estableciendo estándares de transparencia, responsabilidad y protección de datos. Esos debates ofrecen un horizonte para el Perú. Conocer estas experiencias nos permite opinar con fundamento, anticipar riesgos y contribuir a la construcción de un ordenamiento jurídico que integre la innovación tecnológica con la protección de los derechos fundamentales.
Claves para un uso ético y responsable:
- Sinceramiento: Declara si has utilizado inteligencia artificial en tu trabajo profesional.
- Revisión humana: Valida, corrige y asume la responsabilidad de los resultados generados por IA.
- Actualización constante: Mantente informado sobre las regulaciones y estándares éticos vigentes.
- Eliminación de brechas: Acerca el conocimiento tecnológico a todos los abogados, sin distinción de edad o trayectoria.
- Responsabilidad final: El abogado es el responsable final de todo lo que firma, incluso si usó IA.
La inteligencia artificial no es una amenaza para la abogacía, sino una oportunidad para hacer más eficiente y preciso el ejercicio profesional. Pero su potencial solo se despliega plenamente cuando se usa con transparencia, con responsabilidad y con un compromiso ético que coloque a la persona en el centro de cada decisión. El CAL está comprometido con esa visión, ofreciendo espacios de formación y debate para que todos los abogados, sin importar su edad o trayectoria, puedan integrar estas herramientas con integridad y criterio. La invitación es a todos los agremiados: infórmense, participen y usen la tecnología con la misma ética con la que ejercen su profesión. Porque un abogado ético no solo defiende el derecho: también defiende la transparencia en su ejercicio.





